Estábamos, como nos encanta aún, analizándonos, escudriñando las más ocultas verdades dentro de nosotros, las que se escapan de nuestros ojos a menos que les pongamos lupa.
Entonces te lo dije:
"Quiero ser libre".
"¿Libre de que?", me preguntaste, "¿Te quieres liberar de las ideas preconcebidas que tus padres te obligan a cumplir para sentirse menos observados? ¿Te quieres liberar de elegir una profesión que no te interesa estudiar ahorita, y quien sabe si después? ¿Te quieres liberar de cumplir las leyes impuestas por una sociedad profundamente enferma, que espera lo mejor de ti a cambio de lo peor de ella?"
"Quiero liberarme de todo", te dije.
"Quiero ser libre".
"Eso es fácil", respondiste. "¿Pero que tal de la brisa de una mañana feliz, de un almuerzo que dure 5 horas debido a la buena compañía, de un domingo con los que quieres, de una noche de colores y sabores que son los mismos pero se sienten diferente por el furor del momento. De eso quieres ser libre?"
"Quiero liberarme de todo", repetí.
"Quiero ser libre".
Creo que en ese momento ninguno de los dos entendía lo que eso quería decir...
Recordar esto me produce una calidez en el pecho. Me hace sentir que en el fondo de esta alma, hasta en ese momento lleno de obscuridad, nieblas e incertidumbre, sabía lo que quería. Siento ahora que siempre lo supe. Me faltaba solamente claridad mental para entenderlo.
Ahora me encuentro aquí, sintiendo que todo es un gran sueño. El sueño más detalladamente elaborado en la historia universal. El sueño donde no se escapó ni el más insignificante detalle a la hora de producción. Desde la rotación planetaria y la fuerza gravitatoria, hasta el calor del pecho de un pequeño ser humano cuando recuerda el porque de estar esta aquí.
Para esto estoy definitivamente...
Para ser libre.
Para recordar que esto es un sueño.
Para vivirlo despierto...
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